Max Ernst, Collages

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  • 8/20/2019 Max Ernst, Collages

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    cuaderno[ 38 FUNDACIÓN MAPFRE   2009

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    Presidente del Patronato

    José Manuel Martínez Martínez

    Presidente de la Comisión Directiva

    Filomeno Mira Candel

    Director

    José Luis Catalinas Calleja

    INSTITUTO DE ULTUR

    Presidente

    Alberto Manzano Martos

    Director General

    Pablo Jiménez Burillo

    Director General Adjunto

    Daniel Restrepo Manrique

    CONSEJO ASESOR

    Presidente

    Alberto Manzano Martos

    Vocales

    Manuel Alcántara

    Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón

    Venancio Blanco Martín

    Valeriano Bozal Fernández

    Eugenio Carmona Mato

    Estrella de Diego Otero

    Juan Fernández-Layos Rubio

    Julián Grau Santos

    Pablo Jiménez Burillo

    Carlos Malamud Rikles

    Ignacio de Medina y Fernández de Córdoba

    Antonio Mingote Barrachina

    Leandro Navarro Ungría

    Daniel Restrepo Manrique

    (Secretario no vocal)

    Miembros de Honor

    Matías Díaz Padrón

    Luis García Berlanga

    Marcial Loncán Alonso

    Antonio López García

    Rafael de Penagos

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    Vanguardia y tradición

    Max Ernst: na semana de bondad

    Cronología

    Sobre el catálogo

    Un acercamiento bibliográfico

    Max Ernst en la red

    Glosario

    Pieza de toque

    Pablo Jiménez Burillo

    Mercedes Rivas

    Paula Susaeta Cucalón

    cuaderno[ 38 FundaciónMAPFRE 2009

    1 cuaderno[ 38

    Con la presentación en Madrid de los collages originales de Une semaine de bonté realizados por Max

    Ernst , la FUNDACIÓN MAPFRE profundiza en su interés por las obras en papel.

    Se trata de obras que permiten niveles muy diferentes de lectura. Como espectadores, podemos com-

    partir la labor de seleccionar, cortar y pegar imágenes, ajustando fragmentos de la realidad impresa, y

    adentrarnos de la mano del artista en su universo onírico. Cada detalle de cualquiera de los collages contiene

    tal cantidad de información que, cada vez que nos acercamos a uno de ellos, descubrimos un nuevo aspec-

    to que nos permite redefinir las obsesiones y el discurso del artista.

    Max Ernst realizó estos collages en 1933 con la intención de publicarlos en forma de novela –Une semaine de bonté–, justo en un momento en que, con la subida de Hitler al poder, Europa afrontaba el desafío del

    totalitarismo. Algunos de sus sueños, pero, sobre todo, sus peores pesadillas se plasmaron en estas obras, de

    las que no estuvo ausente el sentimiento oscuro y premonitorio que invadía el continente. Como Shakespeare,

    trabajó en el ámbito de los instintos y las emociones primarias. Un ímpetu violento e intenso recorre su obra,

    con la intención de sembrar el desasosiego en el observador. Une semaine de bonté supone la culminación de

    la novela-collage; con ella se establece el canon; es, desde el momento de su publicación, un referente inelu-

    dible para cualquier artista que se acerque al género. En los collages de Max Ernst, inocuas ilustraciones de folle-

    tín dan lugar a composiciones vibrantes, plenas de tensión; en las manos del artista, el gusto decorativo de las ilustraciones decimonónicas genera un discurso propio y totalmente ajeno a su contexto original.

    Hasta el año 2008, la serie de collages de Une semaine de bonté sólo fue mostrada en su totalidad en la

    exposición que tuvo lugar en 1936, y precisamente en Madrid, en el Museo Nacional de Arte Moderno. Desde

    entonces ha sido conservada por su propietario, el coleccionista Daniel Filipacchi, al que agradecemos de mane-

    ra muy especial que haya incluido a la FUNDACIÓN MAPFRE en un periplo expositivo que abarca algunas de las

    instituciones museísticas más importantes de Europa: empezó en el Albertina de Viena, continuó en el Max

    Ernst Museum de Brühl y la Kunsthalle de Hamburgo, y concluirá este verano en el Musée d’Orsay, en París.

    También queremos hacer extensivo nuestro agradecimiento a Werner Spies, comisario de la muestra.

    Para la FUNDACIÓN MAPFRE es un honor volver a exponer en Madrid esta serie de collages con los que Max

    Ernst logra una de las obras más importantes del surrealismo, plasmando el complejo y delirante imagina-

    rio de un movimiento que lideró y al que nutrió con su presencia, desbordante creatividad y talento.

    Alberto Manzano Martos. Presidente del Instituto de Cultura - FUNDACIÓN MAPFRE

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    Vanguardia y tradiciónPablo Jiménez Burillo

    Sin embargo, cada vez abundan más las exposiciones y los plan-

    teamientos que intentan una lectura de la vanguardia desde la

    tradición. La idea del clasicismo de la vanguardia y de lo simultá-

    neamente clásico y moderno no nos es en absoluto extraña.

    En esta exposición presentamos los collages originales de Une

     semaine de bonté, que Max Ernst realizó durante el verano de 1933

    y que hasta el año pasado se expusieron por primera y única vez

    en Madrid en 1936, justo en los albores de la Guerra Civil españo-

    la. Desde aquella fecha habían permanecido ocultos al público has-

    ta que en 2008 el Albertina de Viena los volvió a mostrar.

    Si hay una forma de hacer arte que realmente se identifica con

    el siglo XX y con el mundo en el que vivimos, seguramente es la

    del collage. Nos transmite el sentimiento y la evidencia del fragmento:

    la idea de vivir, de ser un fragmento en un mundo de fragmen-

    tos. Frente a las visiones armónicas y globalizadoras del pasado, la

    visión fragmentaria del mundo moderno. No es sólo que el colla-

    ge encarne la absoluta emancipación del arte respecto a su papel

    de reproductor de las imágenes de la realidad, sino que también

    expresa el carácter, la sustancia de su momento.

    Entre la irreverencia, el sentido del humor y la voluntad de jugar

    con elementos cargados de trascendencia, Max Ernst estructuró su

    En nuestra apreciación del arte contemporáneo tal vez haya pesado demasiado todo aquello que tiene que ver con los aspectos que marcan la ruptura con el pasado y con el afán de novedad. La historia del arte de vanguardia, entendida como una sucesión de movimientos en una dirección de progreso, no sólo ha sido siempre tremendamente sugerente, sino que también ha servido para estructurar las manifestaciones artísticas.

    Max Ernst en 1933

    Anna Riwkin / Moderna Museet Stockholm.

    Moderna Museet, Estocolmo

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     semaine de bonté siguiendo el orden de los días de la semana, de

    domingo a sábado, y estableciendo una liturgia de colores que, rela-

    cionados con un tema determinado, desafiaban a todo tipo de poder

    y a las convenciones sociales de la época.

    Este juego de libertades empieza al elegir el universo gráfico

    con el que expresarse, las imágenes con las que construir su obra.

    Max Ernst no juega con las del día, con las que definían su actuali-

    dad; no utiliza, por ejemplo, periódicos o revistas, como tampoco

    recurre a las prestigiosas imágenes del pasado. Trabaja, en cam-

    bio, con humildes grabados pensados para ilustrar novelas de gran

    consumo.

    Grabados que se mueven y utilizan los clichés y los estereotipos

    de la representación decimonónica. Son imágenes que se inscriben

    en un momento concreto de la ilustración gráfica, sintetizando los

    lugares comunes y los puntos de vista de la pintura del siglo XIX. Una

    manera de representar la realidad, o un tipo de realidad, que, por

    natural, Max Ernst emplea como un lenguaje básico con el que com-

    poner su nuevo imaginario.

    Y es que no es una mala idea la de pensar en la vanguardia del

    siglo XX, en general, como en una reutilización de las bases, de los

    principios y de los tópicos del siglo XIX . ¿Qué sería, por ejemplo,

    del surrealismo sin la tradición simbolista?

    4 cuaderno[ 38

    Collage de Una semana de bondad , “El agua”, 1933

    collage, lápiz, gouache

    22 x 15,2 cm

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    5 cuaderno[ 38

    Collage de Una semana de

    bondad, “El agua”, 1933

    15,5 x 12,1 cm

    collage, lápiz, gouache

    de convicción aún mayor, y que otorga a las imágenes mayor fuerza

    y trascendencia: algo que las sitúa en las antípodas de una ocurrencia

    casual.

    No es el azar lo que guía la mano del artista, o no sólo el azar;

    no sólo la voluntad creadora o el afán de cierta trascendencia; su impulso es como el de la vida, ese otro gran collage en el que todo

    se une y se superpone.

    Y es que, seguramente, una de las cosas más emocionantes de

    estas obras es que, con su iconografía tan propia del siglo XIX, con esa

    mezcla de candidez y perversidad, tan de los primeros años del siglo

    XX, conservan intacto un soplo d